Es bastante conocido que el
comienzo de la comunicación persuasiva de campañas electorales fue implantada
en 1952, en las elecciones presidenciales de Norteamérica cuando por primera
vez un partido, (el Republicano), contrató los servicios de la agencia de
relaciones públicas BBDO, para vender al candidato Eisenhower, que gozaba de la
fama de incompetente y de "no apto para ser presidente". Desde
entonces esta práctica se ha consolidado y ha adquirido el nombre de marketing
electoral o, de modo más general, marketing político.
Si en este momento decidiéramos tomar un paseo en
nuestro automóvil por las calles de Tegucigalpa, sus colonias y bulevares más
transitados, veríamos gente caminando apresuradamente, todos con alguna misión
en mente, carros yendo y viniendo lo más rápido posible, probablemente mucho
tráfico en la mayoría de las calles, y en virtualmente todo poste eléctrico o
cualquier árbol indefenso varios anuncios de candidatos políticos de todos los
partidos con leyendas como “Papi a la orden” , “Porque te quiero capital” o “Súmate
cachureco”.
Hace unos pocos años,
esa misma tendencia mercadológica que tuvo sus comienzos en Norteamérica ha
acompañado las últimas campañas presidenciales en Honduras sin terminar de
sacudirse los vicios y folklore característicos de esta parte de América, lo
que la ha convertido en un tipo de marketing “sui generis”, digno de ser objeto de estudio.
Estamos siendo tratados como un pueblo sin capacidad
de razonar claramente, como un pueblo que no puede discernir qué es lo que
realmente se nos está ofreciendo. Y la peor parte de esta situación es que dejamos
que esto suceda, no estamos haciendo nada para que la situación cambie.
Después de un tiempo ni siquiera nos fijamos en todos
los anuncios que inundan nuestras calles y avenidas, somos indiferentes a la
mayoría de ellos. Estamos siendo bombardeados día y noche por publicidad
política que no contiene valor real, hasta se podría decir que esta no tiene
sentido. Los lemas y las frases que se utilizan para promocionar o incitar a
los ciudadanos son francamente ridículos.
Se nos ofrecen ´chocoyos´, ´papacitos´ o ´amigos del
pueblo´. ¿Pero hemos alguna vez escuchado una verdadera propuesta para nuestro
país? ¿Algo realmente serio que nos
mueva a dar nuestro voto por X o Y persona? Debemos preguntarnos a nosotros
mismos: ¿qué es lo que verdaderamente están ofreciéndome? Las promesas que se
hacen ligeramente al igual de rápido que se hacen así de rápido se rompen.
Muchas veces ni conocemos al candidato, no tienen un
historial que podamos recordar. Con el surgimiento de todos estos nuevos
partidos este fenómeno ha incrementado aún más. Y esto es aún más serio de lo
que pensamos. ¿A quién le estamos dando nuestro país? ¿Será a algún corrupto
que no tiene interés en ayudarnos a nosotros sino que solamente a sí mismo? ¿O
a una persona que tiene un historial manchado de quien sabe qué? Parafraseando
una popular frase que se ve en bumper stickers de los automóviles “El que vota
por un corrupto no es víctima del decaimiento de su país; es cómplice”
Claro, debemos darles crédito a las personas que si
tienen un interés y un llamado a servir a nuestro país. Pues hay gente que sí
quiere ayudar a Honduras, y no podemos olvidarnos de ellas. Estas son las
personas que sí se merecen nuestro voto. Lamentablemente son la minoría, así
que tenemos una responsabilidad aún mayor al escoger a nuestros futuros
líderes.
Uno de los grandes
abismos que el público votante hondureño debe aún esquivar (y probablemente el
95% de la población ni se dé cuenta de que debe esquivar algo) es el del
“desbalance de la información” donde el público votante solamente conoce lo que
el candidato o candidata quiere que el público conozca. Esto afecta el proceso
cognitivo del votante, ya que al político solamente le interesa “ser recordado”
o “quedar posicionado” en la mente del votante cual artículo en oferta en el
estante electoral. Los diversos medios de comunicación tienen el poder de
ayudar a corregir este balance, de ser un puente entre el candidato o candidata
y el pueblo. Haciendo preguntas inteligentes, de carácter profundo al político en cuestión para llegar a
conocer más sobre él o ella para que el público votante esté al tanto de sus
actividades y opiniones.
Todos los anuncios pintan
a los candidatos como personas generosas sin límites, solidarias con todos y
todas. Si uno no conociera nada más que lo que vemos en los anuncios y se
guiara solamente por ellos, no podríamos ni decidir por quien votar por la
abundancia de candidatos elegibles que
seguramente harán de este un mejor país. Al analizar las
ventajas y vicios de las actuales campañas electorales, invariablemente
encontramos más vicios que ventajas. Una de las pocas ventajas es que nos
enteramos de cosas que antes no sabíamos. Nos apercibimos de actividades extrañas
o sospechosas de los candidatos.
El asunto es que esto
ocurre (esporádicamente hay que decir) solamente cuando a otro político le
interesa desenterrar alguna pieza de información oscura sobre su contrincante
electoral. Por ejemplo, a través de los medios nos damos cuenta que cierto
candidato para alcalde de la capital de nuestro país tiene un contrato con el
basurero municipal que en los últimos años le ha generado más de dos mil
millones de lempiras, y que todavía quiere conservarlo, a pesar que el haya
dicho que ese contrato ya lo terminó. Además de anti- ético, esto no es
permitido, simplemente no puede ser. Pero esto que nosotros escuchamos no fue
porque algún medio de comunicación responsable se dio la tarea de investigar
sobre nuestros candidatos, no, esto fue porque la contendiente de este político
quiso encontrar algo que la elevara a ella como candidata y que a él lo redujera
como tal.
¿Cómo es, entonces, que
nosotros los hondureños decidimos por quién dar nuestro voto? Muchas veces
damos nuestro voto a quienes ¨sentimos¨ que están bien para el puesto, el
postulante más agradable. O al candidato o candidata que nos parezca menos
perjudicial. Los aspirantes a los puestos políticos utilizan métodos que nos
hacen sentir más cercanos a ellos. Por eso muchas veces se utiliza lenguaje
coloquial en las diferentes campañas, para pretender acercarse al pueblo. Los
candidatos apelan a lo más primitivo del ser humano, andan, por ejemplo, por
las calles regalando canastas básicas, prometiendo educación y seguridad. Cosas
que son de mucha importancia para todos y todas. No tiene nada de malo hacer esto, pero pareciera que están
comprando nuestro voto con una bolsa de frijoles o arroz, además que
virtualmente nadie cree en sus promesas vacías y aún así aceptan los paquetes o
víveres que se les ofrece. No nos dan propuestas o planes concretos que podamos
analizar.
Hoy en día se utilizan diversas formas de publicidad
para el marketing político. Se usa la televisión, el radio, los periódicos y
revistas, y todos los carteles, afiches, stickers, pines, camisetas y cualquier
otra cosa en la que se pueda imprimir una foto del candidato junto con su lema
sin que se mire demasiado tosco.
Los anuncios en la televisión y en el radio siempre tienen
su jingle característico. O es alguna canción popular con su letra cambiada
para describirnos al candidato y lo que él o ella propone para nuestro país, o
si no algo que suene más autóctono de nuestro país (la marimba por ejemplo) o
si no alguna canción que pretende llamarnos a la unidad, la paz y la
comprensión, que llegando al final dice que el candidato “X” tiene estas
cualidades que se mencionaron y que por eso debemos votar por él o ella.
Ninguno de los nueve partidos compitiendo en
Honduras en la actualidad está haciendo una campaña publicitaria efectiva. Siempre
caen en los vicios del pasado, en el que los aspirantes participan en
actividades francamente hipócritas. Un ejemplo es uno de los candidatos a
diputado perteneciente al partido nacional que aparece en un techo colocando
láminas, lo cual probablemente el no suele hacer, (si es que lo haya hecho
alguna vez), ni lo hará cuando sea electo. Otro anuncio que puede servir como
ejemplo es uno en el que sale otro candidato a diputado abrazando a muchas
personas e incluso ofreciéndole a una anciana un bombón, y la anciana en
cuestión lo mira con ojos desconcertados.
Hay diputados que actualmente están en el Congreso
Nacional que tienen el descaro de pedir que votemos de nuevo por ellos sin
haber hecho absolutamente nada durante su periodo correspondiente. No supimos
más de ellos después de las elecciones pasadas, y lo que supimos fue hacer acerca
de actividades triviales o peor, de actividades perjudiciales o corruptas. Es un
insulto a nuestra inteligencia el hecho que ahora ellos nos pidan tal cosa.
En el periódico, revistas, carteles y todo lo demás
se puede ver una fotografía retocada del candidato. Muchas veces es hasta
gracioso comparar la fotografía del candidato con como se ve realmente. Las
arrugas desaparecen, todos tienen un cutis y cabello perfecto, al igual que una
sonrisa blanca y carismática. Pareciera que les importa mucho su apariencia
física, cuando en realidad no es por eso que se va a votar por ellos. Claro que
la imagen es importante, pero no hay que dejarse llevar por eso.
Un elemento en el que todas las formas de publicidad
política coinciden es en el de la publicidad negativa, en el cual los
candidatos atacan a sus contrincantes apelando al temor del público votante,
usando métodos como el humor, el sarcasmo o la ironía y advertencias con un
tono un tanto amenazador. Este no es el caso de todos los partidos
participantes, y este fenómeno ha disminuido en la actualidad, pero siempre se
mantiene presente, este es otro de los vicios que las campañas electorales
tienen. No es deber de ellos el exponer defectos de sus contrincantes, es deber
de los medios de comunicación responsables.
El marketing político de nuestro país tiene muchas
similitudes con la publicidad comercial. Se utiliza el humor, los eufemismos,
los hechos y números, el patriotismo y muchas otras técnicas que generalmente
son utilizadas en la publicidad de tipo comercial. Se nos presentan a los
candidatos como productos entre los que podemos escoger por su supuesta
honradez, responsabilidad, dedicación, etc. Casi no hay límites sobre lo que se
puede anunciar en las campañas, si tienen los recursos necesarios para comprar
espacios en los diferentes medios, entonces lo hacen. Se ven enormes carteles
plasmados con fotografías y nombres que anuncian al partido y a los cargos a
los que los candidatos aspiran.
La función social de la publicidad política es fortalecer
a la democracia en Honduras. Tenemos un país democrático, y las elecciones son
la prueba de esto. La publicidad política envigoriza el proceso electivo. Parte
del fortalecimiento de esta democracia es el transformarse en el canal que
sirva de comunicación entre el político y el público votante. Brindar y llevar información a las dos partes
que conforman este proceso es de vital importancia para garantizar el correcto
desenvolvimiento de las elecciones en cualquier país con un gobierno democrático.
En estas elecciones prontas a ocurrir se verán
grandes sorpresas ya que hay una gran mayoría de la población que está conformada
por jóvenes que no han votado nunca pero que en esta ocasión lo harán. Podremos
observar, entonces, la forma de pensar de estos jóvenes, por sus decisiones a
la hora de ejercer el sufragio. Contrario a la creencia popular, los jóvenes si
pueden tomar en serio su responsabilidad de elegir a nuestros próximos líderes.
Después de todo ellos viven aquí, y su futuro bien puede ser afectado por las
personas que estén en el poder.
Es imperativo que todos meditemos y reflexionemos
sobre esta decisión que se está acercando cada día más. No nos guiemos por
colores o por ¨presentimientos¨. Demos nuestro voto a quienes nosotros creamos
que son más aptos y están más preparados para desempeñar de manera correcta sus
funciones. Analicemos el historial de cada candidato, ¿ha hecho algo por este
país? ¿nos ha perjudicado anteriormente? ¿con quién está involucrado?
Pongamos en las manos de Dios los resultados y
oremos por nuestra patria, que a pesar de todos sus problemas, es
verdaderamente bella. ¡Viva Honduras!
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